Estos días he recordado un tiempo en el cual, cada noche viajaba a Turquía, mí amigo Sol me esperaba en Ankara, y salíamos a pasear por sus calles, una noche pasamos por un bazar y vimos en el escaparate un pañuelo azul ribeteado en oro, Sol lo compró para mi, para cubrir mi cabeza cuando fuésemos a ver Kocatepe, fue una gozada andar descalza por la mezquita, sobre aquellas alfombras tan suaves y decoradas con motivos otomanos.

Otras veces íbamos a alguna teteria y hablábamos horas y horas frente a una taza de té (cai), y fumando narguilé.En Capadocia tomamos raki, allí conocí a Sukran, una amiga de Sol, él la describe diciendo: “es generosa hasta cuando recibe” y me contó que a Suk le encantan las cerezas.

En uno de mis últimos viajes Sol me hablo en tono melancolico,su estancia en Ankara estaba llegando al final, me dijo que aquella tierra y aquella gente tienen algo que te atrapa.

Sol volvió a su “campamento base”, así describió su hogar en España, pero su alma quedó atrapada en las calles de Ankara.


Hace dos días asistí con mi hijo a la última de las creaciones de un gran maestro,El sur, Ullate y su compañia reflejan de una forma mágica, la pasión, ilusiones y desamor, aderezado con música de los Morente, padre e hija.
Increíble todo lo que se puede transmitir con música y danza, increíble.

Cuando era niña la navidad comenzaba el dia 22 de diciembre, ese dia mientras escuchábamos la lotería nacional en un viejo aparato de radio de madera (porque una tiene sus años ya), mi madre y yo limpiábamos la cristaleria, y no porque esperásemos visita durante los días siguientes, simplemente porque siempre se hacia ese día .Ahora la navidad comienza después del encendido de luces del Corte Ingles (Tall Britanic), eso si, después de la semana fantástica.
Los días posteriores al de la lotería, en casa se hacían, polvorones, borrachuelos, empanadillas y salíamos a la montaña con mi madre para buscar musgo y ramitas de romero para montar el Belén (el de las figuritas), recuerdo aquellos corderos mas grandes que los pastores, y esos tres Reyes Magos medio descalabrados de tanto jugar con ellos.
Ahora los polvorones los compro del super, y no es lo mismo, pero voy con mis hijos a la montaña para recoger musgo y romero para nuestro Belén (de pin y pon), y hacemos los adornos para el árbol de navidad, de cartulinas de colores.
Es complicado conservar el verdadero espíritu de la navidad, con el consumismo tan arraigado y la superficialidad de los sentimientos, solo espero conseguirlo este año una vez más.
¿Quien dice que el tiempo pasado siempre fue mejor?, mi madre dice que el pan o la carne de ahora no son como antes, y esta en lo cierto, la verdad es que no encuentro nada natural ni tan siquiera interesante en un tomate de color azul, o un kiwi con sabor a platano, o manzanas del tamaño de una cereza.
Vivimos en un tiempo que yo denomino, del microondas, queremos todo y ya.
Comidas precocinadas, para ganar tiempo, aunque tengamos que prescindir del sabor, coches mas rápidos para llegar antes, aunque no podamos deleitarnos en el paisaje, casas grandes y vidas pequeñas.